Reichstag – Parlamento

En mi opinión es el edificio más interesante de todo Berlín y uno no puede irse de la ciudad sin haber subido a su cúpula. El Reichstag es el Parlamento de Alemania y mantiene sus funciones políticas completamente activas, pese a que se haya convertido en una atracción turística.

Está situado a escasos 100 metros de la Puerta de Brandenburgo y junto a lo que era el antiguo Muro; aunque, si bien este monumento quedó en el Berlín Oriental, el Reichstag formó parte de la zona Occidental.

El edificio fue acabado de construir en 1894 durante el reinado del kaiser Guillermo I por el arquitecto alemán Paul Wallot y juega un importante papel político en la historia de Alemania durante el siglo XX. Durante los primeros años de su construcción, albergó a las fuerzas políticas alemanas y, tras la Primera Guerra Mundial- en noviembre de 1918- fue ocupado por soldados y obreros, lo que llevó a la declaración de la República de Weimar. Posteriormente, con la llegada de los nazis al poder el Parlamento perdió su importancia en la vida pública. El edificio pasó a la historia cuando ardió e febrero de 1933. Se culpó del incendio a un comunista holandés, pero nunca se supo con exactitud quien estaba detrás del mismo. El edificio quedó destruído tras la II Guerra Mundial y, tras muchas deliberaciones sobre si debía ser derribado o reconstruído, se optó por reformarlo en 1956, aunque sin la cúpula original.

Después de la reunificación, el Reichstag volvió a convertirse en el centro de la política alemana y recuperó su carácter de Parlamento nacional. A esta nueva función política se le unió también una renovación física realizada por el arquitecto británico Norman Foster , que concluyó en 1999, y en la que se le dio la imagen actual con su cúpula de cristal incluída recuerdo de la cúpula del edificio original que desapareció tras la guerra, aunque en un estilo diferente.

Quien vaya a Berlín no puede irse de la ciudad sin visitar el interior de este edificio. Durante los meses de verano se forma habitualmente una larga cola a la puerta, pero no hay que dejar impresionarse por ella porque suele ir bastante rápida. En realidad no se visita el edificio entero, salvo petición expresa. Normalmente, te suben a un ascensor y te dejan en la cúpula. La verdad es que es lo que más merece la pena. Desde allí, y completamente gratis, se tiene una vista espectacular de todo Berlín y se puede disfrutar de la curiosa cúpula acristalada. Para quien quiera, también puede disfrutar de un café o una buena comida con la puerta de Brandenburgo a sus pies. No hay que perdérselo.

Para llegar allí, lo mejor es el autobús número 100- que para en la misma puerta- o, en tren, la estación de Unter den Linder.

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